viernes, 12 de junio de 2009

¿QUE PASA CON EL PAN?

Es definitivo, no me gustan los controles de precios por más que mi estimado profesor Maza me diga que cuando son concertados, pueden funcionar. Precisamente ahí comienza el error, esta medida de control de la inflación nunca es concertada. Es una medida de política que utilizan los gobiernos para congraciarse con los consumidores, por lo tanto los precios que se pacten siempre tenderán a beneficiar (en el corto plazo) al consumidor, nunca al productor.

Repito una vez más, cuando se establece un control de precio, lo normal es que una persona, que generalmente no tiene ningún conocimiento del sector fije un precio excesivamente bajo que hace imposible que un pequeño productor pueda continuar sus operaciones, con lo cual no tiene más remedio que bajar la santa maría. Lo que trae como consecuencia que haya menos productos en los anaqueles. El consumidor finamente se ve obligado a pagar el precio más alto que hay, “no conseguir el producto”.

Actualmente, en Venezuela hay claros ejemplos de lo anteriormente mencionado. Voy a referirme a uno de ellos y lo hago por dos simples razones: el producto me encanta y por lo tanto su comportamiento me afecta muy de cerca. El segundo porque cada día ese producto me cuesta más conseguirlo y estoy intrigado por saber que es lo que está pasando con el. Mi hipótesis inicial de trabajo es que la regulación de su precio de venta está afectando su producción. Me refiero al pan, producto que nunca debe faltar en mi casa. Para mi esposa y para mi, se hecho ya un ritual acompañar nuestra primera conversación del día con una buena taza de café y un buen trozo de pan el cual vamos sumergiendo en el oscuro líquido para deleite de nuestro paladar.

Intentaré analizar en tres entregas lo que está pasando en el sector panadero viéndolo con tres tipos de ojos: los del consumidor, los del productor y los del técnico, con lo cual pretendo obtener una visión, lo más completa posible, de lo que está pasando en la industria de la panificación y así comprobar o no la hipótesis planteada.

Como consumidor sólo puedo decir lo que veo, no puedo saber las razones de por qué suceden, pero por lo menos debería servir para iniciar la discusión. Como consumidor cuando se habla de la industria de la panificación, lo único que me viene a la mente, son las panaderías. Dios me ha dado la gracia de vivir en una etapa de la historia en la cual he sido testigo de grandes cambios y por lo tanto puedo comparar grandes contraste. Recuerdo las panaderías de mi natal parroquia San José en Caracas, establecimientos muy humildes con grandes cajones de madera donde se almacenaba el pan. No estoy claro si era producto de mi vista infantil, pero me daba la impresión de que las piezas de pan eran enormes y abundantes, y lo delicioso que era el pan dulce. Recuerdo como la gente humilde pedía recortes de pan duro, más baratos, los cuales eran ablandados para su consumo con el café, la leche o la sopa del almuerzo.
Recordar es vivir, dice un bolero, pero en verdad escribiendo estas líneas me llego el recuerdo de una gran Harvey, de una panadería que estaba cerca del Colegio La Salle T.H. Era una moto enorme con dos pequeños baúles, uno a cada lado en donde transportaba el pan, ya que las panaderías funcionaban en muchos casos como mayoristas, porqué existían unas especies de pequeños automercados, atendidos por un solo hombre, generalmente extranjero (el de mi zona ese llamaba Salvatore o Salvador) llamadas bodegas que también vendían el pan (esta descripción la hago en beneficio de las nuevas generaciones) Hablando como economista, diría que en esa época el negocio principal de una panadería era hacer pan. Inclusive recuerdo que en una de las cuadras cercanas al edificio en donde vivía prosperó una pastelería, no panadería, donde probé mis primeros pasteles y croissants. Tiempo más tarde fue que abrieron una panadería-pastelería.

Hoy día hemos sido testigo de de la transformación de las panaderías, ya su negocio no es el pan, es la alimentación, el desayuno o el almuerzo. Las panaderías se han transformado en lugares donde usted puede encontrar todo lo que necesite para un buen desayuno o merienda. Inclusive puede obtener la prensa diaria y aquellos vicios que acompañan a la comida, el café y los cigarrillos. ¿Qué pasó que cambió el objetivo del negocio? Cada vez es menor el espacio dedicado al pan. Hay algunos locales que he entrado, en donde se me ha dificultado identificar donde está ubicado.

Otra cuestión que se observa es la merma en la producción, ya se me está haciendo costumbre pasar por la panadería de la zona en donde vivo y preguntar ¿hay pan? O ¿cuánto falta para que esté listo?. Si la respuesta es la esperada, queda la segunda. ¿es canilla o campesino?. en realidad no soy el único, todos hacen lo mismo, ya parece un saludo en clave de una confraternidad. En muchos casos asumimos el costo de permanecer entre 20 y 30 minutos en el local esperando a que salga.

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Para finalizar, resumiendo, como consumidor estoy observando una transformación de los puntos de venta minoristas del pan, diversificando sus productos y limitando su producción de pan a pocas variantes. En la siguiente entrega les comentare sobre la conversación que tendré con Manuel, el panadero de mi urbanización para saber que se ve con los ojos del productor.



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INVITACION A CONFERENCIA



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