lunes, 13 de agosto de 2012

LA RENTA DE LA TIERRA


 
Los terrenos más fértiles y más favorablemente situados serán siempre cultivados primero, y el valor en cambio de sus productos se determinará, de la misma manera que el de todas las cosas, por la cantidad de trabajo necesario en todas sus formas, desde el principio hasta el fin, para producirlos y llevarlos al mercado. Cuando se empieza a cultivar terrenos de inferior calidad, el valor en cambio de los productos subirá porque se requiere más trabajo para producirlos (…) Es cierto que, en los mejores terrenos, el mismo producto seguirá obteniéndose con el mismo trabajo que antes, pero su valor subiría como consecuencia de la disminución de los rendimientos obtenidos por los que emplean nuevo capital y trabajo en los terrenos menos fértiles.”
(David Ricardo)

En el año 1817 aparece publicada una obra, que para muchos constituye la exposición más madura y precisa de la economía clásica. Con el nombre de: “On The Principles of Political Economy and Taxation” (Principios de Economía Política y Tributación. Editorial Ayuso. Madrid. 1973). Su autor, David Ricardo (Londres 1772 – Londres 1823), fue un terrateniente que hizo fortuna en la Bolsa de Londres y formó parte desde el año 1819 hasta su muerte, de la Cámara de los Comunes del Parlamento Inglés.

 Sus aportes a la teoría económica fueron fundamentales, siendo un duro crítico de lo escrito hasta la fecha de publicación de su libro. Es el primero en decir  que: “El producto de la tierra –todo lo que se deriva de su superficie mediante la aplicación unida del trabajo, de la maquinaria y del capital- se distribuye entre tres clases de la comunidad, a saber: el propietario del terreno, el poseedor del Stock o capital necesario para su cultivo y los trabajadores para cuya industria es cultivado. (tierra, trabajo y capital, los tres factores de producción tradicionales) […] La determinación de las Leyes que regulan esta distribución  es el principal problema de la Economía Política; las obras de Turgot, Stuart, Smith, Say, Simondi y otros, por mucho que hayan hecho adelantar esta ciencia, ofrecen muy poca información satisfactoria acerca del curso natural de l renta, de los beneficios y de los salarios.” (prólogo)

Como se puede leer en la última línea del párrafo anterior, Ricardo le da una importancia vital a la agricultura y a la tierra, afirmando que esta última es la única fuente de renta. Como se puede leer en la cita con que se inició  este artículo.

Ricardo analizó lo referente al valor de mercad de los factores, por ejemplo sobre el valor del capital señala: “Todo hombre es libre de emplear su capital como lo juzgue conveniente, pero naturalmente tratará de darle el empleo más ventajoso; estará descontento de de un beneficio de 10 por 100, si en otra inversión puede obtener un quince. Este deseo continuo por parte de los capitalistas de abandonar un negocio poco provechoso por otro más ventajoso, tiene una fuerte tendencia a igualar  el tipo de beneficios de todos los negocios o a fijarlos en proporciones tales que se compensen, a juicio de los interesados, cualquiera ventaja que uno pueda o parezca tener sobre el otro.”


En referencia a los salarios, indicó que “… el trabajo, como las demás cosas que se compran y venden, y que pueden aumentarse o disminuirse en cantidad, tiene su precio natural y su precio de mercado. El primero es aquel que es necesario para permitir a los trabajadores subsistir y perpetuar su raza, sin aumento ni disminución […] El precio de mercado de la mano de obra es el que se paga realmente por ella, debido al funcionamiento natural de la ley de la oferta y la demanda…” 

Ricardo también le dedicó parte de sus estudios al comercio internacional: “E desarrollo del comercio exterior no incrementará inmediatamente a cantidad de valor existente en un país, si bien contribuirá poderosamente a aumentar la masa de artículos disponibles, y, por consiguiente la suma de satisfacciones.”

Finalmente podemos caracterizar a David Ricardo como el primer economista profesional.  Fue un ardiente liberal, partidario de políticas económicas que impulsaran el crecimiento económico a base de garantizar a los capitalistas altos márgenes de beneficio, de manera que vino a teorizar el proceso de la revolución industrial británica.





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